Un ángulo psicológico brutal pero muy efectivo

La enseñanza que hay en este correo parece muy simple pero mucha gente no la aplica bien.

Cucha,

La inmensa mayoría de las personas que se van de su trabajo de forma voluntaria no lo hacen por el salario económico.

Lo hacen por el salario emocional.

Fue mi caso cuando dejé la beca y la tesis doctoral en la Complutense cuando ya tenía todo el trabajo experimental hecho.

No es la única vez que me fui por el salario emocional, pero si la primera.

Si has tenido ardor de estómago recurrente,

o has caído enfermo con frecuencia

y al dejar el trabajo te has curado, sabes de lo que te hablo.

A nivel físico me tocó, pero a nivel de autoestima me destrozó.

El cabronías del catedrático escogió un ángulo psicológico muy cruel pero brutalmente efectivo.

La necesidad de aprobación.

Pero tensó una y otra vez la cuerda, y ésta se acabó rompiendo.

Me enseñó a base de hacer callo que mi valor como persona no dependía de mi trabajo.

Que hiciera lo que hiciera, nunca iba a estar contento.

Así que me inmunicé.

Lo mandé a la mierda con un mapa para que no se perdiera.

Me quedé con una mano delante y otra detrás.

Aunque no tardé en encontrar otro trabajo.

Es lo que tiene ser bueno.

Porque, aunque haya mucha competencia si te sabes diferenciar y cumples lo que prometes, será raro que te vaya mal.

Pero si insistes una y otra vez en lo mismo machaconamente, acabas saturando aunque el ángulo psicológico sea muy bueno.

Cansando.

Asqueando.

Y una cosa es persistir y otra agotar.

Parece simple, pero no lo es.

Si quieres persistir en lo que vendes sin asquear ni caer en lo que hace todo el mundo, AQUÍ.