Lo que te cuento hoy es una de mis líneas rojas,
y más adelante entenderás por qué debería ser una de las tuyas en tu negocio.
Nada más graduarme en veterinaria, estuve haciendo una suplencia 3 semanas en agosto en una clínica:
la primera semana estuve con el jefe para que me explicara sus rutinas y forma de trabajar.
Una de las consultas fue la de una señora con un gatito que se había encontrado.
Un gatito negro de unos 4 meses, monísimo, con ese miau que te sube la prolactina cuando lo oyes.
Y un catarro épico con estornudos y mocos.
Mi jefe lo exploró y le dijo que habría que sacar sangre para ver si era positivo a ciertos virus tristemente frecuentes en este tipo de animalitos.
La mujer le dijo que vale, pero que le dijera lo que costaba para traerle después el dinero.
Mi jefe se lo dijo, le sacó sangre al gatito y terminó la consulta.
Cuando la señora salió por la puerta, le vi tirar la sangre a la basura.
¿puedes imaginarte la indignación que me recorrió en ese momento?.
Todavía la siento, como sube por mi estómago hasta el nudo de la garganta.
Le grité:
“qué haces!”
Y me contestó:
“ésta no va a volver y no me pienso gastar un duro en alguien que no me va a pagar”.
No hubo manera de convencerlo.
La señora volvió al día siguiente con el dinero.
Este miserable se inventó que el laboratorio había perdido la muestra y había que volver a sacar sangre.
Y me grabó a fuego lo que no quería ser nunca.
Espero que ahora entiendas por qué no puedo con la gente que comunica una cosa a los clientes y luego hace otra cuando cree que no le ven.
Es una estrategia miserable y cobarde.
Y si haces esto, debes saber tres cosas:
- Esto le hace un flaco favor a tu negocio porque al final se te verá el plumero.
- Tú crees que no, pero se nota en cómo lo escribes.
- Por favor, date de baja porque no quiero que ensucies mi lista.
Para trabajar con alguien que nunca ha tirado la sangre a la basura, AQUÍ
